Descubrir que uno forma parte de un plan divino siempre es algo muy
extraordinario, sobre todo cuando uno es adolescente, imaginarse parte de un
guión escrito por alguien, ¿no? Este punto es clave para las personas que
pertenecen a la religion católica o para los que se alejaron de ella. Para
mí es permanente y creo que la solución que yo encontré fue el cine. Y esto
está conectado con el asunto que quise tratar en La ciénaga, que es el
desamparo divino. Para una sociedad católica y conservadora que ha dejado el
mundo en manos de la justicia divina, cuando esa idea empieza a
desvanecerse, aparece la experiencia del desamparo. De eso se trataba La
ciénaga, no tanto de la decadencia. El desamparo es el momento de estar
perdidos y decir «bueno, ¿qué hacemos? ¿dejamos libradas otra vez nuestras
vidas a que alguien las organice, a que no sabemos quién haga algo? ¿o
hacemos algo nosotros?»
Lucrecia Martel |
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Alquimia General
Mónika Klibanski
Prestidigitación Informática
Mariano Aller
Agradecimientos y ademases
A todos los que nos ponen pilas
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